27 Feb
Antes de empezar esta campaña estaba convencido de que me esperaba un duro enfrentamiento dialéctico en el que tendría que demostrar que mis ideas son mejores que las del candidato Juliá, pero, viendo que después de cuatro años de gestión sin ideas, en su programa tampoco había ni una idea nueva, debí haber sospechado lo que finalmente ha pasado.
El primer día que arrancó la campaña electoral mi jefe de prensa se puso en contacto con el equipo de campaña de Juan Juliá para proponerle un debate en la Televisión de la UPV. En todo este tiempo, tras múltiples llamadas e intercambio de correos tan sólo hemos obtenido largas y excusas.
Acabo de recibir un comunicado por parte de Juan Bautista Peiró, jefe de campaña del candidato Juliá, en el que indica que declinan la invitación cursada. Los motivos que aducen son no perjudicar la imagen de la universidad ya que me acusan de haber rozado la descalificación personal y haber incumplido la normativa electoral.
A tenor de esto quiero compartir con vosotros las siguientes reflexiones:
Nunca he descalificado al candidato Juliá, ni antes ni durante la campaña electoral. Denunciar la falta de ideas es una crítica, pero no una descalificación. Proponer ideas distintas tampoco es una descalificación. Lo que ocurre es que el candidato Juliá no debe estar acostumbrado a que alguien se atreva a llevarle la contraria, y por ello lo debe interpretar como una descalificación. Os invito a que reviséis en mi blog todo lo publicado en los últimos meses y lo comprobéis vosotros mismos.
Yo no he incumplido la normativa electoral. En ningún sitio de la normativa indica que no se pueda hacer publicidad fuera del campus. En el punto 1 regula las entrevistas en la televisión de la UPV, en el 2 regula la emisión de publicidad en la televisión y radio de la UPV, en el punto 3 regula la distribución de publicidad en los centros, en el punto 4 regula los soportes para los carteles en el campus, en el punto 5 la distribución de material en el campus, en el punto 6 el uso de la megafonía en el campus, en el punto 7 el uso de los salones de actos y en los puntos 8 y 9 la web y el correo electrónico. No existe ningún punto que regule la publicidad fuera del campus ni explícita ni implícitamente. Sin embargo la Junta Electoral consideró que el punto 4, referido a los soportes para los carteles en el campus, también incluía cualquier tipo de publicidad fuera del mismo. Recibí un comunicado por parte de la Junta exigiéndome que retirara los carteles y las cuñas publicitarias de radio, interpretación que no comparto pero que he respetado y acatado inmediatamente, ordenando a las empresas que retiraran dichos soportes publicitarios. En este momento ya están retirados.
Disculpad que os dé estas explicaciones. Yo había optado por no enturbiar la imagen de la universidad, y no seguir el juego de la crispación que todos habéis podido comprobar en cualquier presentación del candidato Juliá. Mi intento por presentar un discurso sosegado basado en el diálogo y las ideas lo habéis podido ver en mis declaraciones en prensa, en el blog y en los actos de campaña. Sin embargo, tras esta demostración clara de falta absoluta de respeto a la democracia, impidiendo lo que considero un derecho esencial de todos los electores que es presenciar un debate entre los candidatos, en el que por nuestra parte habíamos aceptado cualquier condición propuesta por el candidato Juliá en cuanto a formato, temática y turnos, no tengo más remedio que denunciarlo en público.
A Juliá nunca le han gustado los debates. En un debate hacen falta ideas. Hace falta frescura. Hace falta rebatir las buenas ideas del oponente con argumentos reales. En las pasadas elecciones ya estuvo reticente, pero en estas se ve que tiene mucho más que perder.
Amigos, esto está ganado. Juntos podemos.
27 Feb
“Las estadísticas pueden demostrar lo que uno quiera, como bien sabe el 43% de la población”. Sin embargo con los estudios de costes y viabilidad de un proyecto, hay que ser más riguroso, porque si fundamentamos nuestro discurso únicamente en cifras para darle credibilidad, y estas cifras se demuestran erróneas, todo el discurso se cae.
Os propongo hacer este ejercicio con los comentarios del candidato Juliá sobre una de mis propuestas más importantes. El ordenador portátil para cada alumno que, sin duda, revolucionará la manera de impartir la docencia en la UPV a partir del curso que viene.
En sus publicaciones y comentarios afirma Juliá que si se elige un ordenador de altas prestaciones el proyecto asciende a 100 millones de euros. Vamos a ver datos reales y no verborrea. Os pongo este equipo como ejemplo puesto que el fabricante y modelo definitivo será elegido en un concurso público. Tiene unas prestaciones superiores a las de más del 90% del parque de ordenadores de nuestra Universidad, incluyendo aulas informáticas y equipamiento del personal. Es un fabricante reconocido, tiene un procesador de doble núcleo, 2 GB de RAM, 160 GB de disco, conectividad inalámbrica e incluye cámara, DVD-R y sistema operativo comercial. Incluye además una buena garantía. Su coste con IVA es de 436 euros. Es un buen precio, sí, pero es que el tiempo está a favor nuestro. Si el curso que viene entregamos 33.000 ordenadores comprados en la tienda, el coste sería 14,3 millones de euros.
Lógicamente un buen gestor no va a hacer una operación tan burda. La adquisición se hará tras un proceso concursal con los fabricantes, que en un momento como el actual, sin intermediadores y con partidas tan importantes en cuanto al número de equipos podría beneficiar a la Universidad en unos descuentos superiores al 30%, con lo que el coste se nos quedaría en 10 millones de euros.
Además una operación tan importante se completaría con uno o varios patrocinadores y con ayudas públicas para el impulso de la sociedad de la información. Es difícil poder estimar la cuantía de estos conceptos a priori, pero trabajamos con la hipótesis de obtener entre 2 y 3 millones de euros por ambos conceptos.
Con ello el coste completo de la operación de dotar el curso que viene a los alumnos del equipamiento necesario para una buena docencia estaría entre 7 y 8 millones de euros.
Al que afirma que harían falta 100 millones, sólo le puedo rebatir con sorna “exacta, non verborrea“. ¿Será otro intento más de manipular las cifras o no le funciona la calculadora?
7 millones de euros es una inversión importante en un presupuesto de 382 millones al año, claro que sí. Habrá que hacer un esfuerzo importante para dotar a los alumnos de este equipamiento, claro que sí. Lo que sí os aseguro es que tenemos que hacerlo. Hace 16 años, siendo Vicerrector de Investigación, oí los mismos comentarios de un gran número de personas que no entendían porqué teníamos que tener una red de datos que llegase a cada uno de los rincones de la Universidad. Con muchas voces en contra conseguimos llevar el proyecto adelante, obtuvimos unas ayudas públicas excepcionales y sembramos la infraestructura que ha revolucionado la forma de entender la docencia, la investigación y la admnistración de la UPV.
Ahora tenemos que poner en marcha esta segunda revolución, por mucho que el rector saliente no lo entienda. Por eso tiene que salir ya.