11 Feb
11 Feb
Como ya se puede suponer todo esto es muy dinámico y requiere estar permanentemente formado y formándose simultáneamente. Formado en la compresión de la tecnología lo que requiere un conocimiento físico-matemático profundo que permita la modelización del problema, su estructuración en bloques y su implementación con la tecnología disponible. Todo esto es lo que yo llamo ingeniería, es decir el profesional que aborda el problema completo. No únicamente el montador de soluciones estandar con productos multifunción. Esto es otro nivel de ingeniería y no estaríamos hablando de lo mismo. También, este ingeniero integral, generalista, debe continuar su formación durante toda su vida laboral y por ello la universidad debe ofrecer, al menos, tres productos de formación.
Como ya hemos mencionado el primer escalón de la formación en tecnología debe ser el menos volátil, el más permanente, el que constituye la base del aprender a aprender. Este escalón es el más complejo y el que requiere una formación previa correspondiente a otras etapas formativas una sólida y acreditada. ¿Qué es lo que está pasando en la actualidad?. Veamos: Nuestro sistema educativo previo a la universidad está en un continuo vaivén (Lode -1985, Logse-M90, Loce-2002, Loe-2006), lo que se ha traducido en unos resultados formativos catastróficos, reconocidos por el MEC y los informes PISA de la OCDE y los de la UE. Esto hace que las cohortes que acceden a las ingenierías en los últimos años, en media, cada vez están peor formados. Además la superinflación de la oferta de titulaciones de la universidad española que cuenta con una cifra de estudiantes universitarios muy superior a los ratios de normalidad europeos, lo que hace que el gasto por estudiante sea muy bajo (no el gasto total) y la proliferación de centros que imparten titulaciones oficiales de ingeniería tengan dotaciones muy inhomogéneas y en algunas cosas muy deficientes.
Los defensores del “rendimiento académico” a ultranza, pretenden igualar por debajo, lo que significa en definitiva apostar por el número y no por la excelencia. Desde mi punto de vista es un gran error estratégico y más en ingenierías. Estamos confundiendo los términos, necesitamos, para el mayor rendimiento, mejor formación básica, sólida, abstracta y eso no se consigue rebajando la exigencia.
El tener un buen sistema educativo superior se traduce un una mejora inmediata de la competitividad empresarial, en un aumento de la creación de tejido productivo y en definitiva en una apuesta decidida por la generación de riqueza a través del conocimiento.