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La enseñanza de la ingeniería en España

Ante la oportunidad-amenaza que significa para las enseñanzas técnicas con atribuciones profesionales la implan­tación de las directrices de Bolonia, me gustaría, desde mi percep­ción personal, avalada por treinta y tres años de experiencia profesional en la docencia de la ingeniería, hacer un análisis global de la situación actual y también exponer cuáles serían, teniendo en cuenta los condicionan­tes externos a las universidades, las actuaciones de futuro que me parecen más sensatas y más útiles para la mejora de las enseñanzas y su repercusión socioeconómica en el territorio autonómico, nacional y europeo.

En general, refiriéndome a los tres principales centros tecnológi­cos de España, es decir a las uni­versidades politécnicas de Ma­drid, Barcelona y Valencia, los egresados de estas universidades son muy reconocidos por la sociedad, a nivel autonómico, a nivel del Estado español y también a nivel europeo (basta enumerar los acuerdos de colaboración y de doble titulación con las universidades europeas de mayor prestigio). Los mencionados egresados, y por tanto sus centros de procedencia y las titulaciones de ingeniería o arquitectura que imparten, se han ganado un prestigio incuestionable que es necesario salvaguardar.

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  • Ante la oportunidad-amenaza que significa para las enseñanzas técnicas con atribuciones profesionales la implan­tación de las directrices de Bolonia, me gustaría, desde mi percep­ción personal, avalada por treinta y tres años de experiencia profesional en la docencia de la ingeniería, hacer un análisis global de la situación actual y también exponer cuáles serían, teniendo en cuenta los condicionan­tes externos a las universidades, las actuaciones de futuro que me parecen más sensatas y más útiles para la mejora de las enseñanzas y su repercusión socioeconómica en el territorio autonómico, nacional y europeo.

    En general, refiriéndome a los tres principales centros tecnológi­cos de España, es decir a las uni­versidades politécnicas de Ma­drid, Barcelona y Valencia, los egresados de estas universidades son muy reconocidos por la sociedad, a nivel autonómico, a nivel del Estado español y también a nivel europeo (basta enumerar los acuerdos de colaboración y de doble titulación con las universidades europeas de mayor prestigio). Los mencionados egresados, y por tanto sus centros de procedencia y las titulaciones de ingeniería o arquitectura que imparten, se han ganado un prestigio incuestionable que es necesario salvaguardar.

    La actual estructura de los estudios de ingeniería y arquitectura se establece en ciclos. El primer ciclo, de tres años de duración, correspondería a títulos de grado medio (ingeniero o arquitec­to técnico). El segundo ciclo, de dos años más, otorgaría el grado de ingeniero o arquitecto y el tercer ciclo, el grado de doctor.
    El doctorado no requiere la misma metodología docente que el primer y segundo ciclo, ya que lo que pretende es mostrar al estudiante que ha decidido cursar dicho nivel dónde están los límites de la ciencia y la tecnología en unas pocas áreas de conocimiento y, después, en función de sus gustos, aptitudes, posibilidades, etcétera, elegir un frente donde se pueda avanzar con respecto a lo ya conocido. Esta tarea está considerada como una tarea de investigación y no conviene mezclarla, en aras a la claridad, con los ámbitos profesionales para los que preparan el primer y segundo ciclo, es decir, el ingeniero o arquitecto técnico y el ingeniero o arquitecto.

    En este escenario llega Bolonia (1999) y, ante la falta de uniformidad de los estudios en Europa, la necesidad de generar Europa a través de la movilidad de estudiantes, con el objetivo de mejorar la competitividad europea y la pretensión de adelantar la edad de incorporación al mundo laboral de los egresados, trans­mite a los países miembros una serie de directrices que, con el tiempo y no pocas idas y venidas, terminan plasmándose en decretos nacionales que regulan dichas recomendaciones.

    Resumiendo mucho, en el ca­so español, el Real Decreto de Ordenación de Enseñanzas Universitarias de octubre de 2007 establece la enseñanza universitaria profesional (no hablaremos del doctorado) en dos niveles, el grado de una duración de cuatro años (los países que han apostado por dicha duración son Bulgaria, Turquía, Croacia y España) y un máster de uno o dos años adicionales.

    Las dos características fundamentales que fija este decreto hacia las nuevas titulaciones son la flexibilidad (las universidades pue­den proponer lo que quieran, dentro de un orden) y la acreditación de la calidad de forma periódica.

    En cuanto a las ingenierías y arquitectura, éstas, por ley, tienen unas atribuciones profesionales que exigen unas habilidades y destrezas a dichos técnicos. Estas atribuciones limitan la flexibilidad a la que se refiere el decreto de forma muy considerable.

    La publicación del nuevo decreto de atribuciones se ha pospuesto y, de momento, la legislación vigente es la que rige, con lo cual las universidades tecnológicas, tanto públicas como privadas, tienen que iniciar las propues­tas de titulaciones con la ley de atribuciones actual. Por ejemplo, en el grado, lo nuclear, lo que lleva aparejado atribuciones en cada rama de la ingeniería y la arquitectura, son los llamados créditos troncales, que según el decreto son libres. Por tanto, podría darse el caso (reconozco que es un ejemplo esperpéntico aunque posible) de que una universidad pretendiera dar las máximas com­petencias profesionales a sus egresados con el mínimo tiempo de formación posible para hacer así más atractivo y competitivo su producto formativo, podría dividir los 240 créditos ECTS de los que consta el grado en cuatro bloques de 60 créditos, orientados hacia distintos sectores profesionales, por ejemplo, caminos, industriales, telecomunicación e informática y crear un pastiche monstruoso con las atribuciones profesionales de todos.

    Debemos ser muy cuidadosos con la flexibilidad que se nos da a las universidades tecnológicas a la hora de proponer titulaciones técnicas adaptadas al nuevo marco. Debemos apostar por la calidad y el prestigio que ya tienen ganadas nuestras universidades politécnicas.

    En mi opinión, en el nuevo escenario que tras muchos años de incertidumbre nos brinda el ministerio, lo primero que debemos fijar son las carreras técnicas que ya tienen su prestigio ganado y su calidad acreditada, y que además son percibidas por la sociedad co­mo de calidad, alta empleabilidad y gran demanda. En este sentido, parece lógico que el escenario se rellene empezando por ahí, heredando lo existente con los ligeros cambios que requiera la nueva legislación, es decir, grados profesionales muy parecidos a los primeros ciclos y másteres profesionales muy similares a los segundos ciclos y, en cualquier ca­so, ambos dependientes de los centros que impartan dichas titulaciones.

    Con el procedimiento anterior, probablemente no se rellene la demanda formativa de titulaciones técnicas que hoy día requiere la sociedad. Bien, pues en los huecos que deja el paso anterior es donde se debería hacer la nueva oferta mediante híbridos sinér­gicos que tengan mercado, o inclu­so nuevas titulaciones que previamente hayan pasado por un filtro que asegure su calidad y su demanda (por ejemplo, haciendo previamente una oferta de una titulación no oficial y exigiendo, antes de su conversión en título oficial, garantías que aseguren su éxito).

    Adicionalmente, opino que no es bueno para la Universidad empezar a correr en todas las direcciones del espacio. En la Universidad, como en todos los ámbitos de la vida, siempre hay, es la realidad, mecanismos que ordenan los procesos complejos. En este caso, debiera ser el mercado global el que ordenara, el que estableciera niveles de calidad entre estudios comparables y que se se­pa quién está en primera línea. En caso contrario, la confusión social que podemos crear es muy alta. Mi impresión personal es que en este momento queremos apostar por el modelo formativo america­no (que ha dado buenos resultados) en un entorno europeo en el que las rigideces funcionariales nos limitan los movimientos.

    Publicado en Levante-EMV el 10 de diciembre de 2007